martes, 12 de mayo de 2026

Ayuso y el espejo inc贸modo de la derecha mexicana


 

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La visita de Isabel D铆az Ayuso a M茅xico termin贸 diciendo mucho m谩s de lo que probablemente pretend铆a. No por los discursos sobre libertad, hispanidad o defensa de Occidente. Tampoco por las fotograf铆as cuidadosamente dise帽adas para redes sociales. Lo verdaderamente revelador apareci贸 en los vac铆os: los liderazgos panistas que no llegaron, las reuniones que nunca ocurrieron y la incomodidad visible de una parte de la oposici贸n mexicana frente a una agenda que, m谩s que aliada, parec铆a importada.


Durante d铆as, distintos espacios empresariales, medi谩ticos y digitales intentaron presentar la gira como la consolidaci贸n de una derecha iberoamericana capaz de enfrentar al progresismo latinoamericano. El mensaje era claro: construir un bloque internacional que sirviera de contrapeso pol铆tico a gobiernos como el de Claudia Sheinbaum y a la expansi贸n de proyectos de izquierda en la regi贸n.


Pero conforme avanz贸 la visita comenz贸 a emerger una contradicci贸n imposible de ocultar. Buena parte de la dirigencia del PAN prefiri贸 mantener distancia p煤blica. La ausencia del presidente nacional del partido, la falta de fotograf铆as con figuras relevantes de la oposici贸n capitalina y la reducci贸n de la agenda a encuentros con personajes de menor alcance pol铆tico dejaron ver algo inc贸modo: incluso dentro de la derecha mexicana existe conciencia del costo que implica aparecer subordinados a una narrativa extranjera percibida como ajena a la tradici贸n nacional.


Porque el problema nunca fue 煤nicamente la insistencia de Ayuso en escribir “M茅jico”, ni las referencias constantes a Hern谩n Cort茅s, ni el tono paternalista sobre la hispanidad. El problema real es que esas provocaciones hicieron demasiado visible algo que normalmente permanece disfrazado detr谩s de discursos t茅cnicos o empresariales: la creciente dependencia ideol贸gica de una parte de la oposici贸n mexicana respecto a plataformas internacionales de derecha.


Durante d茅cadas, el viejo modelo neoliberal logr贸 sostener cierta estabilidad porque todav铆a pod铆a ofrecer algo fundamental: expectativas de movilidad social. Aun con enormes desigualdades, amplios sectores de la poblaci贸n pod铆an aspirar a mejores salarios, consumo y crecimiento patrimonial. La promesa de modernizaci贸n serv铆a como pegamento pol铆tico.



La apertura comercial, la financiarizaci贸n de la econom铆a y la integraci贸n subordinada de M茅xico al mercado estadounidense fortalecieron enormes grupos empresariales, pero al mismo tiempo debilitaron regiones completas, precarizaron el trabajo y erosionaron la estabilidad de las clases medias. Mientras las 茅lites celebraban estabilidad macroecon贸mica y modernizaci贸n financiera, millones de personas comenzaron a experimentar otra realidad: salarios deteriorados, endeudamiento, inseguridad y p茅rdida de expectativas.


El problema no fue solamente la corrupci贸n o el desgaste electoral del PRI y del PAN. El problema m谩s profundo fue que el modelo econ贸mico dej贸 de resultar cre铆ble para una parte importante de la sociedad. El crecimiento dej贸 de sentirse en la vida cotidiana de millones de personas. Y cuando un proyecto pol铆tico pierde capacidad para ofrecer bienestar material, suele buscar legitimidad en otro lado.


No es casualidad que figuras como Donald Trump, Jair Bolsonaro, Javier Milei o los sectores cercanos a Vox hayan encontrado fuerza pol铆tica en sociedades atravesadas por precarizaci贸n, ansiedad econ贸mica y desgaste institucional. Cuando desaparece la promesa de prosperidad compartida, la disputa se reorganiza alrededor del miedo, la identidad y la polarizaci贸n.


Espa帽a atraviesa desde hace a帽os una fuerte crisis de representaci贸n pol铆tica. Y desde ah铆 surgi贸 la idea de la “Iberosfera”: una plataforma cultural y pol铆tica donde Am茅rica Latina funciona como espacio de reconstrucci贸n simb贸lica para las nuevas derechas espa帽olas. En paralelo, ciertos sectores empresariales mexicanos encontraron en esa articulaci贸n internacional una nueva fuente de legitimaci贸n ideol贸gica.


El papel de personajes como Ricardo Salinas Pliego y plataformas como la Universidad de la Libertad refleja precisamente esa transici贸n. Ya no se trata solamente de partidos pol铆ticos tradicionales. Ahora la disputa tambi茅n pasa por influencers, universidades privadas, medios digitales y figuras del entretenimiento capaces de convertir la confrontaci贸n ideol贸gica en espect谩culo permanente.


Por eso la presencia de Nacho Cano no fue anecd贸tica. Forma parte de un ecosistema donde pol铆tica, identidad y entretenimiento se mezclan para construir nuevas formas de movilizaci贸n emocional.


Sin embargo, la propia gira termin贸 exhibiendo los l铆mites de importar mec谩nicamente esos modelos hacia M茅xico. Las cr铆ticas del jurista Diego Valad茅s, quien calific贸 la visita como una “verg眉enza” y un “fracaso”, mostraron que incluso dentro de sectores conservadores persiste incomodidad frente a una radicalizaci贸n excesivamente alineada con agendas internacionales.


Al final, lo m谩s importante de la visita de Ayuso no fue el 茅xito o fracaso de sus conferencias. Lo verdaderamente relevante fue el espejo que coloc贸 frente a la oposici贸n mexicana. Un espejo que reflej贸 sus fracturas internas, su crisis de proyecto pol铆tico y la dificultad creciente para construir una narrativa propia en un pa铆s donde el viejo consenso neoliberal perdi贸 hace tiempo la capacidad de entusiasmar a las mayor铆as.


Y quiz谩 por eso muchos prefirieron no salir en la foto.

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