Con una inversión directa de 25 mil 500 millones de pesos, los apoyos federales alivian el gasto de adultos mayores, estudiantes y gente del campo de norte a sur del estado.
Para las familias de los barrios y del campo, que la pensión o la beca caigan a tiempo en la tarjeta no es un trámite de oficina: es la medicina que no falta en la mesa, el uniforme para la escuela o la semilla para sembrar la parcela. Saber que el dinero público llega completo, sin que nadie se quede con un moche ni pida favores a cambio, le devuelve la tranquilidad a quienes por años tuvieron que rascarse con sus propias uñas.
Esa es la realidad que hoy se vive en la entidad, donde 903 mil personas cuentan con un respaldo económico directo a través de los Programas para el Bienestar. En total, son 25 mil 500 millones de pesos los que circulan en los 43 municipios tamaulipecos bajo la estrategia trazada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y coordinada en el estado junto al gobernador Américo Villarreal Anaya. La dispersión de estos recursos llega sin distinciones a abuelitos, estudiantes, jóvenes que aprenden un oficio, personas con discapacidad, madres de familia y productores agrícolas.
La diferencia de este modelo se mide en los caminos que se recorren. La delegada de los programas en el estado, María de Lourdes Puente Vizcarra, enfatizó que el trabajo fuerte lo hacen las servidoras y los servidores de la Nación, quienes caminan a pie de calle orientando y resolviendo dudas sin costo. Desde Nuevo Laredo hasta Ciudad Madero, y de Matamoros a los ejidos de Tula, la presencia en el territorio busca que nadie quede fuera por falta de transporte o información.
Cuando el recurso del pueblo regresa al pueblo de forma transparente, la economía local se mueve desde abajo, en el tendajón de la esquina y el mercado del barrio. Estos apoyos no son dádivas ni concesiones, sino un derecho conquistado por la gente para sostener la dignidad de las familias y honrar la memoria de quienes han dedicado su vida a esta tierra.






