Ciudad Mante, Tamaulipas dio cuenta de la primera reacción de un presunto hartazgo de la ciudadanía ante la EVIDENTE Y TAN GRITADA PREPOTENCIA Y ABUSO DE LOS TRANSITOS EN LOS MUNICIPIOS GRANDES DEL ESTADO.
ENTRE EL HARTAZGO SOCIAL Y LA VIOLENCIA: LA GRAVE FRACTURA ENTRE CIUDADANOS Y TRÁNSITOS EN TAMAULIPAS.
POR: MIGUEL BAUTISTA.
La muerte del comandante operativo Jaime Rivera en Ciudad Mante no puede verse únicamente como un hecho policiaco aislado. El brutal ataque que le arrebató la vida mientras cumplía con una persecución contra un conductor presuntamente ebrio, exhibe una realidad mucho más profunda y peligrosa: la fractura social entre autoridades viales y ciudadanos en diversos municipios de Tamaulipas.
Nada justifica la violencia. Ninguna inconformidad social puede convertirse en permiso para asesinar a un servidor público. El responsable debe enfrentar todo el peso de la ley. Sin embargo, tampoco puede ignorarse el ambiente de hartazgo que desde hace años se ha venido acumulando entre miles de ciudadanos que constantemente denuncian abusos, extorsiones, corrupción y prepotencia por parte de agentes de tránsito en ciudades como Reynosa, Matamoros, Tampico, Nuevo Laredo y Ciudad Victoria.
Las redes sociales se han convertido en un enorme archivo ciudadano donde abundan videos, transmisiones en vivo, fotografías y testimonios de presuntas “mordidas”, amenazas, detenciones arbitrarias y operativos que muchas veces parecen tener más fines recaudatorios que preventivos. El problema es que esas denuncias pocas veces encuentran eco institucional.
La percepción social es grave: muchos ciudadanos sienten que denunciar no sirve de nada. Y cuando las autoridades municipales guardan silencio o minimizan las acusaciones, la desconfianza crece. Ahí es donde comienza el verdadero riesgo para cualquier sociedad: cuando la autoridad pierde legitimidad frente a la población.
Hoy Tamaulipas enfrenta una crisis que no puede resolverse únicamente con discursos de condolencia o promesas de investigación. El Congreso del Estado y los alcaldes tienen la obligación política y moral de analizar qué está ocurriendo dentro de las corporaciones viales municipales. ¿Cuántos agentes han sido sancionados realmente por corrupción? ¿Cuántos controles de confianza existen? ¿Qué capacitación reciben? ¿Quién vigila a quienes deben hacer cumplir la ley?
La opacidad de muchos gobiernos municipales frente a este reclamo ciudadano ha terminado alimentando aún más el enojo social. Y aunque nada justifique el asesinato del comandante Jaime Rivera, también sería irresponsable fingir que el problema comenzó apenas con esta tragedia.
La solución exige mucho más que operativos. Se requiere una depuración real de corporaciones, cámaras corporales obligatorias, vigilancia ciudadana, transparencia en multas, profesionalización de agentes y castigos ejemplares para funcionarios corruptos. Pero también se necesita reconstruir el respeto a la autoridad desde ambos lados: ciudadanos y gobierno.
Porque cuando el miedo, la desconfianza y la corrupción se vuelven parte de la rutina, la violencia termina apareciendo como el síntoma más alarmante de un sistema que lleva años deteriorándose frente a los ojos de todos.
Ya para cerrar mi punto de vista, no echemos a saco roto los "gritos" desesperados de victorenses que han sentido en carne propia el LATIGO de la prepotencia de tránsitos en operativos Antialcohol, donde les ARREBATAN su vehículo por haber consumido solo una cerveza!! y lo mas grave que sin alcohol en la sangre también eres parte del sistema de corrupción que a todas luces LOS DE ARRIBA LOS CONSECUENTAN!
La muerte del Tránsito en Mante, tiene nombre y apellido y engloba todo un sistema de estado!!
QEPD.






