Por: 饾挗饾挾饾搱饾搲饾挾饾搩饾捁饾摳 饾挴饾捑饾搩饾搲饾挾 ♟️馃枊️
Hay algo profundamente revelador en la soledad del mando. Quien ocupa una posici贸n de autoridad puede disponer de carpetas de inteligencia militar, encuestas de opini贸n a diario, presupuestos multimillonarios y ej茅rcitos de operadores leales. A pesar de semejante aparato, ninguna de esas herramientas entrega la 煤nica garant铆a que de verdad quita el sue帽o a la clase pol铆tica: la certeza del ma帽ana.
Nuestra historia oficial presume de un laicismo inflexible y de instituciones sobrias. Detr谩s de la foto oficial existe un expediente no escrito donde la raz贸n de Estado convive, sin empacho alguno, con la superstici贸n. Cuando el periodista Jos茅 Gil Olmos public贸 en 2008 su investigaci贸n Los brujos del poder: El ocultismo en la pol铆tica mexicana, no estaba desenterrando an茅cdotas folcl贸ricas para el morbo p煤blico. Lo que puso sobre la mesa, a trav茅s de documentos, testimonios y entrevistas, fue el cat谩logo completo del desespero: espiritistas, hechiceros, chamanes, santeros, practicantes de programaci贸n neuroling眉铆stica y distintas expresiones m铆sticas incrustadas en el coraz贸n del poder p煤blico.
El repaso hist贸rico es tan largo como fascinante. Est谩 mejor documentado en Francisco I. Madero, quien antes de encabezar la Revoluci贸n mexicana practicaba el espiritismo, participaba en sesiones y aseguraba recibir gu铆as del mundo espiritual bajo los seud贸nimos de Bhima y Nivel. Pero el libro no se detiene en Madero; avanza por las salas donde oper贸 el pragmatismo de Plutarco El铆as Calles, los despachos del alemanismo con Miguel Alem谩n Vald茅s, las incursiones rituales atribuidas a Elba Esther Gordillo en 脕frica, las sombras familiares del salinismo, el peso de Marta Sahag煤n en el sexenio foxista, la gesti贸n de Francisco Barrio e incluso la m铆stica que rode贸 al subcomandante Marcos.
Gobernar exige vender la idea de que todo responde a un plan fr铆amente calculado, a proyecciones econ贸micas y a estrategias impecables. La realidad suele ser bastante m谩s burda. La paranoia y el p谩nico a la incertidumbre pesan en la toma de decisiones mucho m谩s de lo que cualquier funcionario aceptar铆a ante un micr贸fono.
Aquel episodio noventero donde la Procuradur铆a General de la Rep煤blica termin贸 excavando en el predio El Encanto, guiada por las visiones de la vidente Francisca Zetina, "La Paca", para sembrar una osamenta y simular el hallazgo de Manuel Mu帽oz Rocha tras el asesinato de Jos茅 Francisco Ruiz Massieu, no fue un tropez贸n de oficina. Fue la muestra palmaria de c贸mo el aparato de justicia y la propia PGR se pusieron de rodillas cuando las cabezas del gobierno sucumbieron al desespero y a la necesidad de construir milagros a la medida para saldar una crisis pol铆tica.
Buscar el favor de lo invisible no obedece a un arrebato de fe candorosa, sino al m谩s puro instinto de supervivencia. El pol铆tico no busca al brujo o al curandero para hallar paz espiritual ni para salvar su alma. Lo busca para ganar una elecci贸n, conservar un cargo, blindarse de la traici贸n del compadre, neutralizar al adversario del grupo rival o conocer por adelantado el siguiente golpe antes de que lo dejen fuera del presupuesto. Es el reconocimiento t谩cito de que, cuando la traici贸n es la moneda de cambio habitual, ni los guardaespaldas ni los acuerdos firmados alcanzan para dormir tranquilo.
Desde luego, es preciso matizar que no todas las historias que alimentan esta cr贸nica tienen la misma solidez probatoria: mientras unos casos cuentan con respaldo documental e hist贸rico, otros descansan en relatos de colaboradores o practicantes que deben leerse como testimonios de 茅poca y no como verdades judiciales. Pero es justamente ah铆 donde radica el valor del texto: en exponer la contradicci贸n de hombres y mujeres capaces de someter instituciones, partidos y presupuestos, pero paralizados ante lo que no pueden controlar.
Afloran as铆 las aristas m谩s oscuras del ejercicio p煤blico. Los mismos personajes que manipulan leyes y someten voluntades terminan supeditando sus grandes decisiones al dictamen de un amuleto o a las cartas de un vidente. No es devoci贸n: es simple fragilidad disfrazada de soberbia.
Al final, la pregunta que queda flotando en los pasillos del poder es tan inc贸moda como inevitable: si un pol铆tico est谩 dispuesto a refugiarse en las sombras y consultar a un brujo con tal de amarrarse a la silla, ¿qu茅 no estar铆a dispuesto a hacer a plena luz del d铆a cuando sienta que el hueso se le va de las manos?









