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Durante a帽os, el an谩lisis pol铆tico mexicano se acostumbr贸 a medir la fuerza de los partidos como si fueran los 煤nicos protagonistas de la vida p煤blica. Se hablaba de la hegemon铆a del PRI, del ascenso del PAN o de la expansi贸n territorial de Morena como si cada elecci贸n fuera 煤nicamente una disputa entre colores, siglas y liderazgos.
Sin embargo, los acontecimientos recientes en entidades como Coahuila obligan a observar algo m谩s profundo. No estamos frente a una simple excepci贸n electoral ni ante un rev茅s circunstancial para el partido gobernante. Estamos ante un fen贸meno pol铆tico que podr铆a definir buena parte de la pr贸xima d茅cada en M茅xico: la supervivencia y adaptaci贸n de los poderes regionales sustentados en econom铆as productivas propias.
La pregunta no es por qu茅 Morena no gobierna Coahuila.
La pregunta es por qu茅 existen estados que contin煤an tomando decisiones pol铆ticas distintas al resto del pa铆s aun cuando enfrentan la misma narrativa nacional, los mismos programas federales y las mismas tendencias electorales.
La respuesta parece encontrarse menos en los partidos y m谩s en la estructura econ贸mica de esos territorios.
Coahuila comparte caracter铆sticas con Nuevo Le贸n, Chihuahua, Quer茅taro, Aguascalientes y parte de Jalisco. Son entidades donde la econom铆a no depende exclusivamente del gasto p煤blico ni de la din谩mica administrativa del gobierno federal. Su crecimiento descansa en industrias manufactureras, cadenas de exportaci贸n, inversi贸n privada, agroindustria tecnificada y una s贸lida red de empresarios locales con capacidad de organizaci贸n e influencia.
Durante mucho tiempo se crey贸 que la globalizaci贸n terminar铆a debilitando a las 茅lites regionales. Ocurri贸 exactamente lo contrario.
La integraci贸n econ贸mica con los mercados internacionales fortaleci贸 a grupos empresariales que encontraron en su territorio una ventaja competitiva. Con el paso de los a帽os desarrollaron instituciones, universidades, organismos intermedios y redes de colaboraci贸n capaces de trascender gobiernos y coyunturas electorales.
Lo interesante es que este fen贸meno no necesariamente representa una oposici贸n ideol贸gica al proyecto nacional encabezado por Morena.
Interpretarlo as铆 ser铆a simplificar demasiado la realidad.
Lo que estamos observando es la coexistencia de dos fuentes distintas de legitimidad pol铆tica.
Por un lado, la legitimidad derivada de una mayor铆a electoral nacional articulada alrededor de un proyecto pol铆tico centralizado. Por otro, la legitimidad construida desde regiones cuya fortaleza econ贸mica les permite defender agendas, prioridades y ritmos propios.
No es una confrontaci贸n abierta. Es un proceso de negociaci贸n permanente.
De hecho, resulta revelador que muchos de estos estados mantengan relaciones institucionales estables con el gobierno federal mientras conservan una marcada autonom铆a pol铆tica local. Han aprendido a convivir con la nueva realidad nacional sin renunciar a sus propios centros de decisi贸n.
Quiz谩 ah铆 se encuentre una de las claves para entender el M茅xico que viene.
La pol铆tica de los pr贸ximos a帽os podr铆a dejar de definirse exclusivamente por la competencia entre partidos y comenzar a explicarse por la interacci贸n entre regiones productivas y estructuras nacionales de poder.
En otras palabras, el debate ya no ser铆a 煤nicamente qui茅n gobierna, sino desde d贸nde se genera el poder que permite gobernar.
Coahuila vuelve a poner esa discusi贸n sobre la mesa.
No porque haya derrotado a Morena. No porque represente una anomal铆a electoral. Sino porque demuestra que, incluso en tiempos de hegemon铆as nacionales, siguen existiendo territorios capaces de construir din谩micas pol铆ticas propias a partir de su fortaleza econ贸mica, institucional y social.
Quiz谩 estamos presenciando el nacimiento de una nueva etapa en la pol铆tica mexicana.
Una etapa donde los partidos seguir谩n siendo importantes, pero donde la verdadera disputa comenzar谩 a girar alrededor de algo m谩s complejo: la capacidad de las regiones para conservar influencia, identidad y autonom铆a dentro de un pa铆s cada vez m谩s centralizado pol铆ticamente.
Las elecciones seguir谩n captando los reflectores. Pero debajo de ellas se est谩 moviendo una corriente m谩s profunda.
Y como suele ocurrir en pol铆tica, las transformaciones m谩s importantes son aquellas que casi nadie est谩 mirando mientras suceden.






