Las palabras del expresidente Donald Trump volvieron a mover los mercados internacionales. Esta vez, al asegurar que no le preocupa la caída del dólar, la moneda estadounidense registró un descenso que encendió alertas y abrió un nuevo debate sobre el rumbo económico de Estados Unidos.
De acuerdo con analistas, la postura de Trump responde a una estrategia clara: un dólar más débil abarata las exportaciones estadounidenses y vuelve más competitiva su industria manufacturera frente al resto del mundo. Además, una moneda depreciada ayuda a diluir el peso de la deuda nacional, que está denominada en dólares, al reducir su valor real.
Mientras tanto, el impacto no es el mismo para todos. En el caso de México, el tipo de cambio representa un respiro para la economía cotidiana. La fortaleza relativa del peso frente al dólar reduce los costos de productos importados desde Estados Unidos, como el gas y la gasolina, lo que contribuye a que sus precios se mantengan estables o, al menos, no registren aumentos significativos.
Así, una decisión pensada para reactivar la economía estadounidense tiene efectos directos más allá de sus fronteras, beneficiando a países como México, aunque también dejando abierta la incógnita sobre la estabilidad financiera global en el mediano plazo.

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