La familia como punto de partida en Victoria
Por: 𝒢𝒶𝓈𝓉𝒶𝓃𝒹𝑜 𝒯𝒾𝓃𝓉𝒶
En tiempos donde la política suele consumirse entre agendas saturadas, discursos repetidos y apariciones calculadas, hay escenas que, sin necesidad de estridencia, terminan diciendo más que muchos posicionamientos públicos. Una de ellas ocurrió durante el tradicional San Marcazo, donde el regidor Óscar Narváez apareció no desde la formalidad del cargo, sino desde un espacio mucho más reconocible: acompañado de su familia.
Junto a su esposa, Jessica Brussolo, y sus hijos, recorrió un ambiente que cada año devuelve a Ciudad Victoria una de sus postales más genuinas: familias reunidas, convivencia abierta y una ciudad que por unas horas parece recordarse a sí misma desde la cercanía.
Porque hay algo que la política suele olvidar: ninguna ciudad se sostiene únicamente con reglamentos, cabildos o sesiones interminables; se sostiene, sobre todo, en aquello que ocurre fuera del escritorio, en el vínculo cotidiano que da sentido a la vida pública.
Narváez entendió el mensaje del momento y lo expresó con claridad: la familia sigue siendo el corazón de la convivencia social, el punto donde nace la comunidad y donde también se aprende el valor de pertenecer.
En fechas como Semana Santa, cuando la rutina baja el ritmo y las calles cambian de ánimo, Victoria deja ver que sus tradiciones siguen siendo refugio de identidad. Allí, entre saludos, encuentros y recuerdos compartidos, también se construye una narrativa ciudadana que pocas veces entra en los discursos oficiales.
Porque al final, más allá del cargo, del debate político o de la coyuntura diaria, hay una verdad que permanece: quien entiende a la familia, entiende una parte esencial de la ciudad.



